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Cielorraso de PVC en baños: cómo evitar humedad y juntas visibles
Guía práctica para elegir placas, perfiles y ventilación antes de cerrar la estructura.
En un baño, el cielorraso trabaja en las condiciones más exigentes de la casa: vapor constante, salpicaduras y poca circulación de aire cuando la ventana es chica o no existe. El PVC aguanta ese ambiente mejor que otros revestimientos, pero eso no alcanza por sí solo. Lo que decide si el acabado se mantiene prolijo con los años es cómo se preparó la obra antes de colocar la primera placa.
El primer punto a resolver es la cámara de aire. Entre el techo original y la nueva superficie hay que dejar un espacio que permita ventilar y que además aloje el paso de cañerías. Si esa cámara se cierra sin previsión, la humedad se acumula arriba y termina buscando salida por las molduras o por los encuentros entre placas.
La estructura oculta también define el resultado. Los perfiles omega galvanizados deben quedar calculados según el metraje real del ambiente y nivelados con láser antes de fijar las placas. Cuando la nivelación se hace a ojo, las juntas aparecen con el tiempo: la placa se mueve, la moldura se separa y el sello deja de cumplir su función.
Antes de cerrar conviene definir la ubicación de los artefactos de iluminación embutida y el recorrido de los cables. En baños, la altura útil entre el techo original y la nueva superficie condiciona qué tipo de luminaria puede colocarse, sobre todo si se busca una terminación limpia y sin recortes improvisados.
Las molduras de terminación bien selladas son la última barrera contra las filtraciones y las juntas visibles. No es un detalle estético menor: es la parte que absorbe los movimientos y evita que el vapor entre por los bordes. Revisar ese punto al final del montaje ahorra retrabajos.